4. Parguito
Se despertó antes del amanecer, con los ojos salados y cansados. Se sentó en la cama un momento antes de obligarse a levantarse. Le disgustaba despertarse tan temprano, pero hoy era un día especial: desayuno de campeones y luego la competencia anual de surf de Parguito.
Se dio una ducha fría, que también odiaba, pero era el remedio para un comienzo flojo. Se vistió rápido, poniéndose sus shorts de jean gastados y un top amarillo. Agarro su bolso con trajes de baño y equipo de surf, y salió de la casa justo cuando el cielo comenzaba a cambiar a ese azul ligero antes del amanecer y el sonido del mar siempre presente. Salado ya estaba desayunando con los otros gatos junto a los botes de pesca.
Mientras caminaba unos pasos fuera de su casa, vio a su papá llegando en su vieja camioneta verde, la que llama “el camión de papas.” El motor más ruidoso de lo necesario para esa hora de la mañana. Su tabla de surf normal ya estaba en la parte de atrás de la camioneta. Caminó hacia la puerta del copiloto y cuando miró dentro, lo vio.
Fabian.
Estaba sentado con un morral en las piernas, luciendo ligeramente fuera de lugar, y cuando la vio le dio una corta sonrrisa y se movió más hacia el aciento del conductor, haciendo espacio para que ella pudiera subirse.
“Hola Marisol.”
Sonaba más amable que la última vez que se habían visto. Ella pensó que probablemente era porque su papá estaba allí.
“Hola.”
Su papá no pareció notar la tensión en las cejas de Marisol, o quizás decidió ignorarla mientras volvía a incorporarse a la vía y decía, “ Fabian esta pasando las vacaciones con su abuelo en Pampatar, así que le pregunté si quería un trabajo. Te va a ayudar a estudiar para la prueba desde ahora.”
“Porsupuesto” Penso Marisol, “Lo que me faltaba”.
Fabian estudiaba en el colegio al que ella debía ir, había ganado premios académicos, siempre tenia notas perfectas. No le gustaba la idea de que viniera a decirle todo lo que estaba haciendo mal.
Recordó la primera vez que lo conoció, en Glasgow, cuando sus padres habían ido a una conferencia y pasaron tiempo junto a los de el, y él había sido tan compuesto y seguro de todo, hablando con palabras grandes, respondiendo preguntas antes que ella. Y la forma en la que se vestía… Siempre parecía que iba camino a la ópera. A ella le parecía tan pretencioso que un chamo de 15 años se vistiera así. Esa primavera en la que se conocieron, empezó a llamarlo Príncipe Fabian en su mente, y a veces en voz alta con su papá cuando lo comparaba con ella, con un tono que dejaba claro que no era un cumplido.
Viajaron en silencio por un momento, la camioneta avanzando despacio por las calles donde “los negocios del amanecer” como les decia Marisol estaban por abrir: vendedores de frutas, flores y empanadas decoraban con un colorido caribeno la via hasta llegar a Parguito.
Carlos se estacionó, los miró a ambos y dijo, “Diviértanse,”
“Como si fuera algo sencillo” penso Marisol.
Ella se bajó primero, y Fabian la siguió. Él intentó ayudarla a bajar la tabla de la parte de atrás de la camioneta, pero ella se adelantó y dijo “yo puedo con mi tabla, pero ayúdame con esto” lanzándole una caja enorme de botellas de agua. Él tuvo dificultad cargándola. Era alto y no parecia estar fuera de forma, pero Marisol se dio cuenta de que nunca había escuchado que practicara algún deporte, era más conocido por sus logros académicos.
De cerca, se veía distinto a como ella lo recordaba, con una franela manga larga de protecccion UV, un sombrero gigante como si le tubiera fobia al sol, y tanto bloqueador solar que parecia un panda, con esa cara tan blanca y el cabello negro sobre su frente. Alemos tenia un buen corte. En lugar de verse elegante como ella lo recordaba, se veía incómodo, como si no supiera qué hacer allí, y por primera vez no parecía perfecto. “Es increíble cuánto poder puede tener un traje” pensó. Verlo en shorts y chancletas era algo perturbator.
Caminaron hacia el restaurante juntos, una típica casa caribeña rosada neon, con unas mesas y sillas plásticas al frente y un letrero con todos los tipos de empanadas que ofrecían. Fabian miraba todo con detalle, como si acabara de aterrizar en la luna. “Eso lo pintamos el mes pasado” dijo Marisol señalando el mural en una de las paredes que llevaba el nombre del restaurante “La Cocina de Parguito”.
Marisol ya podía oler la comida desde la calle, cálida y familiar, y escuchar las voces bajas de sus amigos adentro, todavía con sueño pero ya riéndose de algo, mientras Fabian bajaba el paso al acercarse, mirando hacia el grupo y luego de vuelta hacia ella.
“¿Uestedes… surfean todos los días?” preguntó.
“Casi,” dijo ella.
Él asintió, como tratando de entender algo a lo que no estaba acostumbrado.
Cuando entraron, el lugar ya estaba lleno de movimiento, la mamá de Adrián, la señora Laura, trabajando detrás del mostrador, armando arepas y friendo empanadas, mientras los platos llenaban la mesa con queso guayanés, pollo mechado, cazón, caraotas y mantequilla. Platos pequeños azules con rodajas de naranja y mango adornaban la mesa. También había jugo de papaya y guayaba en los dispensadores. Fabian dio los buenos días y entro directamente a presentarse con la señora Laura.
Marisol pidió la bendición a la señora Laura, saludó a sus amigos sacandoles la lengua y se sento en la mesa. Fabian simplemente se quedó parado ahí, incómodo.
-Oh cierto, este es Fabian. dijo Marisol.
-Hola. Charlotte sonrió y le dio un pequeño saludo con la mano antes de estrecharla.
-Eeeepa, ¿qué tal? Adrián se levanto, le dio la mano con uno de esos saludos raros de brazo entre hombres que Marisol y Charlotte siempre miraban tratando de descifrar cada movimiento. Fabian parecia mas relajado y se sento. La señora Laura les sirvió a todos una arepa en un plato y dos a Fabian. “Tú puedes comer todo lo que quieras, ellos no pueden comer tanto hoy por la competencia”
Adrián soltó un gran aaaahhhh de decepción, “Tenemos que empezar a hacer un almuerzo de campeones en vez de desayunos todos los años” dijo.
“Y no se olviden del potasio.” La senora Laura dejó una mano de cambures en el centro de la mesa.
Fabian le dio las gracias varias veces. Se sentaron con los demás, acercando las sillas, estirando las manos sobre la mesa sin pedir permiso, cada quien tomando lo que quería para rellenar su arepa, la conversación era tonta y graciosa, Fabian se quedó callado al principio, observando más que hablando, dudando un poco cuando alguien le pasaba mantequilla o queso, sus palabras cuidadosas y un poco anticuadas cuando hablaba, lo que hacía más difícil que encajara en el ritmo del grupo.
Marisol lo notó, y eso hizo que lo viera diferente, porque no estaba actuando como alguien que había venido a juzgarla, sino como alguien intentando entender cómo estar allí. Odiaba la idea de que alguna vez le había parecido tan guapo, en Glasgow se veía elegante y serio, pero aquí parecía un vampiro tratando de esconderse del la luz. Era muy pálido, así que no podía juzgarlo por usar toda esa ropa y protector solar. Miró un poco más profundo y vio que seguía siendo guapo debajo de todo eso. No es que importara, probablemente seguía siendo igual de pesado.
Después de un rato, cuando la conversación se dividió en partes más pequeñas y nadie estaba prestando mucha atención, Fabian se inclinó hacia ella y habló en voz baja bastante cerca del oido.
“¿Cómo vas con la tarea?”
Ella sintio su aliento moverle el cabello serca de la oreja y temblo por los escalosfrios. No se esperaba la cercania. “Todavía no lo he resuelto.” finalmente le respondio.
Él asintió una vez, luego otra, como midiendo sus palabras. “No tienes mucho tiempo.”
“Lo sé. Vamos a salir y hablamos afuera” Marisol se levanto, avisandoles que los esperaria en el porche, Fabian la siguio. Una vez afuera, Fabian siguio presionando.
“Tienes, ¿qué?, tres meses hasta que termine el verano?” dijo en voz baja. “Y todavía tienes que estudiar el material, repasar los textos, practicar—”
“Dos para entregarla,” respondió ella, un poco más cortante esta vez, manteniendo la voz baja.
Fabian la miro con preocupacion o repulsion, Marisol no supo como interpretar esa mirada. Los ojos azules pueden rapidamente pasar de calidos a aterradores e intimidantes.
“Tu papa me dijo que el pedido de los libros ha tardado, pero que deberian llegar hoy o manana probablemente.”
Marisol cruzo los brazos y se arrecosto contra la pared con las piernas cruzadas en los tobillos. “Ya llegaron” respondio. “Pero paso algo”. Continuo con la mirada en el suelo. No confiaba en Fabian para nada, pero sabia que estaba acorralada y si el no la ayudaba entonces no importaba que le dijera a sus padres. “Los libros llegaron la semana pasada, los lei un poco el primer dia y me frustre. Al dia siguiente pase por la biblioteca y apenas los vi se quemaron.”
“Se quemaron?” Los ojos de Fabian se abrieron como dos lunas, dos faros haciendo sentir a Marisol expuesta. “Como se quemaron?” Fabian pareciera entender que Marisol se sentia culpable e incomoda asi que bajo el tono y siguio con mas empatia. “Hubo fuego o simplemente se disolvieron en cenizas? Estas bien? Te quemaste?” le pregunto mientras se hacercaba a ella, tomantola por las munecas y estudiando sus manos y brazos.
Marisol sintio que podia seguir contandole pero aun asi se le trabo la lengua, - ahh si, fuego, um no hubo cenizas, no dejo ni, no dejo marcas. Sentia que estaba siendo interrogada por la policia, no porque Fabian fuera agresivo si no porque se sentia sumamente culpable.
“Deceaste que se quemaran?”
-No! no… nada asi, solamente senti frustracion o rabia quizas, cuando los vi. No pense en nada, ni desee nada, solo me senti asi.
Fabian tomo su mano derecha y la sostubo por un momento. Marisol no supo que hacer y simplemente lo dejo, hasta que salieron sus amigos y los sorprendieron. Adrian dejo salir una enorme sonrrisa al darse cuenta y Charlotte intento actuar como si no los ubiece visto.
Marisol queria que se la tragara la tierra. Fabian solo dejo salir una sonrrisa seca y miro el suelo antes de que todos volvieran a la conversasion normal.
Para cuando el cielo comenzó a aclarar, pasando de azul profundo a dorado suave, comenzaron a prepararse para irse, agarrando tablas, toallas y todo lo que necesitaban.
“Marisol, aqui esta la tabla que se te quedo ayer” Adrian la saco de la parte de atras de la casa. Marisol ya cargaba la que iba a usar ese dia asi que se detuvieron como a pensar al mismo tiempo. “Yo se la llevo” Dijo Fabian tomandola del lazo del forro y montandosela en el hombro. Puso la mano en el frente de la tabla y una luz amarilla pero calida brillo a travez de los poros de la tela. Todos lo vieron y se miraron en shock. Especialmente Fabian, quien miro a Marisol fijamente con los ojos abiertos de par en par como hace unos momentos atras.
“Tiene luces LD” Explico rapidamente. “Es de mi tio, la tome por error, nuestros forros se parecen”
Charlotte y Adrian se emocionaron inmediatamente. “Oh wow que fino! Tenemos que verla en algun momento”
“Si claro!” Respondio Marisol tratando de atravesarze entre ellos y Fabian para que no la abrieran. “Cuando venga mi tio se la pido prestada, es mejor verla de noche” y con eso cerro la conversacion lo mejor que pudo. Su corazon latiendo a 1000 por hora.
Le dieron las gracias a la senora Laura, y caminaron hacia la playa de Parguito. Primero atravesaron el pueblo, los negocios frente a la playa y las palmeras hasta encontrarse con el cielo azul claro y el mar que parecía unirse con el horizonte. El monte Guayamurí a la derecha, tan verde como podía estar, hacía que el día se sintiera fresco y vivo. El sol brillaba como si quisiera alumbrar bien la playa para no perderse la competencia. Llegaron con los ojos entrecerrados pero emocionados de ver la belleza infinita de esa hora. Ningún otro lugar se sentía tan vivo como el sol del Caribe en la mañana. Un grupo de loros hacía un escándalo sobre ellos, posados en un árbol. Marisol y sus amigos comenzaron a instalarse antes de que llegara más gente. Mientras empezaban a estirarse y calentar, Marisol perdio la vista de Fabian y lo comenzó a buscar con la mirada, finalmente lo vio de nuevo en el árbol, ofreciéndole pedazos de cambur a las guacamayas.
Marisol sonrrio. Tal vez había cambiado. Pensó. No habia tocado el tema mas el tema de los libros, nisiquiera el de la tabla. Podía ser más amable con él, al final de cuentas le estaban pagando por ayudarla, esta vez si se pone pesado es porque era su trabajo. Caminó con sus amigos hacia el agua, la tabla normal bajo el brazo, el sonido del mar creciendo con cada paso, y por un momento todo volvió a sentirse simple. Solo la arena, solo las olas, solo ellos. La Playa se llenó rápido después de que entraron al agua, pura gente bonita, chamos surfistas, chicas en trajes de banos de colores, cabas y tablas de surf repletas de calcomanias, trenzas con pepitas, dreads, gente con cabello castano y reflejos rubios, con la piel morena o dorada de tanto llevar sol. Música reggae flotando en el aire desde algún lugar invisible, mezclándose con el sonido de las olas y el murmullo de voces agrupándose en la orilla, donde la gente se movía entre la arena y el agua con tablas bajo el brazo, risas subiendo y bajando como la marea. No se sentía tanto como una competencia sino como una celebración, algo compartido y familiar, como si todos allí ya se entendieran sin necesidad de explicarse.
Entraron en la competencia temprano, justo cuando comenzaron a llegar las primeras olas, y las horas pasaron casi sin que ella lo notara, llevada por el ritmo del mar y el movimiento constante del agua, donde el tiempo parecía disolverse en repetición. Marisol surfeaba como siempre lo hacía, no perfecto, no cuidadoso, sino entregándose por completo a cada ola, ajustándose sobre la marcha, cayéndose sin dudar y volviendo a intentarlo, su cuerpo aprendiendo y respondiendo de formas que no se podían explicar, solo sentir. Amaba eso, más que cualquier cosa. No había hechizo, no había atajo, no había forma de hacer que el mar se encontrara con ella a mitad de camino, y si quería la ola, tenía que ganársela con esfuerzo y paciencia, con esa comprensión silenciosa que venía de observar, esperar y confiar en que su cuerpo respondería en el momento correcto. Tenía que remar, caer, levantarse otra vez, una y otra vez, hasta que algo se alineara, no solo afuera, sino también dentro de ella, y cuando pasaba, aunque fuera por unos segundos, se sentía como algo cercano a la magia, pero no del tipo que le habían enseñado.
Algo distinto. Algo entre la naturaleza y el cuerpo.
Marisol siempre había creído que las personas normales tenían su propia forma de magia, incluso si no tenían hechizos, entrenamiento o palabras para nombrarla, porque había algo poderoso en la forma en que creaban, en la forma en que aprendían, en la forma en que seguían intentando incluso cuando algo era difícil, algo que requería esfuerzo, tiempo y dedicasión. A veces pensaba que ese tipo de magia era incluso más especial, porque no era algo dado. Era algo que se ganaba con esfuerzo.
Una ola la revolco y sintio miedo. Fue una fuerte. Pudo salir y siguio moviéndose con el mar mientras sus músculos ardían y su respiración se volvía irregular, su equilibrio cambiando constantemente mientras se mantenía presente dentro del movimiento a su alrededor, solo instinto, ritmo y confianza. Cerca escucho, la risa de Charlotte cruzaba el agua despues de que se caía y resurgia, la voz de Adrian en algún punto detrás de ella, y sus miradas compartidas cuando venía una buena serie se sentían como parte de un mismo lenguaje, algo que se entendía sin palabras.
Paso toda la manana tratando de ignorar el horizonte para no ver La Azulita. Recordo cuando fueron al zoologico en la escuela les dijeron que no miraran al Leon a los ojos. Le habia costado bastante no hacerlo y sintio que alcanzo un gran logro al no hacerlo en toda la visita, pero justo antes de irse pasaron por el habitad del Leon y Marisol no pudo resistir la tentacion de mirarlo fijamente por un instante. Esta vez no fue distinto. Poco tiempo antes de que terminara el torneo miro hacia La Azulita, y pudo ver, a pesar de la distancia, barcos con maquinaria pesada postrados en la orilla, el color naranja del oxido brillando bajo el sol, su presencia silenciosa pero imposible de ignorar. Despegando de la isla, vio tambien la figura de un pegasus levantandose sobre las palmeras y la luz blanca del medio dia brillaba a travez del rojo ardiente de la cabellera de su jinete, el que en pocos segundos despues se deslizo lentamente por la espalda del caballo, cayendo en el bacio.
Sin decir nada pero sintiendolo todo simultaneamente, Marisol dejó que la siguiente ola pasara bajo ella y se giró hacia la orilla, remando con una urgencia creciente que no intentó explicar, el agua soltándola poco a poco hasta que tocó la arena y se puso de pie, recogiendo sus cosas más rápido de lo que quería.
“¿Marisol?” llamó Charlotte.
Ella no se detuvo, y la falta de respuesta fue suficiente para que Charlotte y Adrian se miraran antes de seguirla.
“¿Qué paso?” preguntó Adrian al alcanzarla.
Marisol caminó unos pasos más antes de detenerse y girarse hacia ellos.
“Me tengo que ir.”
“¿A dónde?” preguntó Charlotte.
Marisol dudó solo un momento antes de responder, “¿Me prestas la patineta?”
“Sí, claro,” Charlotte sonó como si quisiera ayudar pero también con algo de miedo.
Marisol agarró su tabla y preguntó “¿Pueden llevar a Fabian de vuelta a El Tirano?”
“Sí, sí,” respondieron ambos. Fabian por un momento volvió a verse como antes, serio, con esos ojos azules intensos que parecían entenderlo todo antes de que dijeras algo. Ella intentó verse relajada y le dijo,
“Todo está bien, solo olvidé hacer algo, te veo luego en la casa para estudiar. Mi papá va a hacer almuerzo y después estudiamos.” Se montó en la patineta y se fue. Podía sentir sus miradas en su espalda mientras se alejaba.
Cuando llegó a su casa, Fabian estaba sentado en la acera.
“¿Cómo hiciste…?” No terminó la frase antes de entender la respuesta.
“Adivina,” dijo él, sonando pesado como antes.
“¿No estás muy joven para evaporarte?”
Él ignoró eso. “¿Qué está pasando?”
“No es asunto tuyo,” dijo ella entrando a la casa.
Él suspiró. “Marisol, te veías muy asustada allá. No le dijiste nada a tus amigos, lo que me hace pensar que es algo mágico, pero tampoco llamaste a tus padres, así que debe ser algo que no deberías estar haciendo.”
Ella se vio molesta y descubierta.
“Venimos de un mundo distinto al de tus amigos. Ellos son increíbles y todo, pero ¿a quién tienes cuando surgen cosas asi? Ni siquiera puedes empezar a contarles esto. ¿A quién tienes en el mundo mágico?”
“A mis padres.”
Él tomó su morral y sacó su teléfono. “Entonces llama a tu papá.”
Ella se quedó en silencio mirando al piso de brazos cruzados.
Él hizo una pausa y dijo más suave, “No le diré a tus papas a menos que sea realmente una emergencia.”
Ella hizo contacto visual con él por unos segundos, como sellando un acuerdo que lo ataba a estar de su lado. Él entendió y asintió.
Fue hasta su cuarto y saco el collar de la perla. Regreso al jardin donde la esperaba Fabian y le puso el collar a el.
Fabian estudio la perla dentro de sus dedos, bajando la mejilla.
- Ok, esta bien. Vamos. Continuo Marisol. “Pero si ves fuego… Corre.”